Cuatro años hacía que habíamos estado en la maravillosa Soria, nos había quedado La Laguna Negra por ver, porque las condiciones climatológicas eran muy desfavorables...y recién comenzado este 2013 volvimos, es enero y parece primavera...eso abajo en Vinuesa porque arriba ...la poca nieve que ha caido es hielo puro por las bajas temperaturas nocturnas, que las diurnas parecen más de mayo que de enero.
Llegados a este punto los primeros problemas en la pista, al ser forestal no hay avisos de nieve ni de hielo y estos dos coches, tienen serios problemas, tanto que se les fastidió el día, llevan atascados en el hielo según nos dicen un buen rato, hasta que llegan los forestales con palas y empiezan a picar el hielo. Después de ofrecerles ayuda nos disponemos a emprender el camino.
La pista es puro hielo y tenemos que ir por la nieve para no dar un paso para adelante y tres para atrás, 4 kilómetros y medio y estamos a 1.700 metros...en plena Laguna.
Hoy tiene ese manto blanco invernal que la hace más misteriosa si cabe...dice la leyenda que no tiene fondo...que todo lo que cae en la laguna lo traga un misterioso ser.
El espacio es precioso,totalmente alpino, y el sonido del agua de la hermosa cascada te envuelve en su eco...¡¡que lugar para quedarse!!
Me abrazo a uno de los miles de árboles que rodean la laguna...y siento su energía especial, esa que sólo ellos me proporcionan.
Por el otro lado... el enorme muro de piedra la protege...Manuel intenta subir hasta El Urbión, pero es imposible sin crampones.
No estamos solos...la huella del zorrillo nos acompaña casi en todo el camino...algunos incluso han podido ver al lobo, dicen que a la laguna vienen muchos a beber.
Comemos el bocata al solecito...porque la temperatura en la sombra es realmente muy baja...captamos la última imagen, este paraje montañoso es totalmente fascinante...que lujo sería vivir aquí, a 1.700 metros tan lejos de algunas cosas y tan cerca de otras.
En este fragmento describe Machado la Laguna Negra de Soria:
Cuando la tarde caía entre las vetustas hayas, y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba. Era un paraje de bosque y peñas aborrascadas;
aquí bocas que bostezan o monstruos de fieras garras; allí una informe
joroba, allá una grotesca panza, torvos hocicos de fieras y dentaduras
melladas rocas y rocas, y troncos y troncos, ramas y ramas. En el hondón
del barranco la noche, el miedo y el agua.










